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Un tortazo

Actualizado: 6 sept 2022


La chica llamó a la puerta. Una vieja le abrió y le dijo que esperase. Su amiga le había dicho: –Es un poco bruta, pero funciona–.

Nunca había ido a hacer algo así. El lugar no era como una consulta normal, era una casa, la habitación en la que estaba esperando tenía fotos por todos lados y la tele puesta con el volumen bajo. Encima de la mesa camilla sólo estaba el mando de la tele.

La vieja que le había abierto entró para preguntarle si quería un vaso de agua. Cuando se lo trajo le dijo «Ya mismo te atiende».

Justo cuando empezaba el telediario entró para decirle que ya le tocaba, y mientras cogía su bolso vio de reojo salir a otra persona que iba llorando y sonándose los mocos, entonces notó que estaba nerviosa.

La vieja le acompañó a otra habitación llena de imágenes de vírgenes y santos que olía a un incienso raro, como de iglesia. Apareció otra vieja toda vestida de negro, «Esta será la bruja» —pensó.

La vieja se venía secando las manos con una toalla.

—¿Y a ti qué te pasa? —le preguntó. —Pues... —no le dejó terminar y preguntó de nuevo: —¿Qué edad tienes? —25 años. —dijo mi amiga.

La vieja se quedó en silencio mirándola. —Pues… yo quiero… bueno, quiero hacerme un amarre—. La vieja siguió mirándola en silencio. —Es que mi novio se ha ido y… bueno, para que vuelva—. La vieja siguió más rato mirándola en silencio, un rato largo e incómodo y luego le preguntó: ¿Te lo hago ahora? —Eh… sí —dijo mi amiga. —¿Estás segura? —Sí.

Y así como escuchó el «Sí» le soltó un tortazo que casi la tira de la silla.

Después de superar el asombro por lo que acababa de pasar, rompió a llorar. La vieja le pasó una caja de pañuelos y siguió mirándola.

Más o menos así me lo contó. Me dijo que aquel tortazo milagroso le salvó de una terrible deriva obsesiva que llevaba arrastrando casi una década. Por supuesto, después de ella fui yo a ver a la vieja, de la manera que voy a estas cosas cuando voy, para ver a la vieja en acción, para verla moverse, para escucharla, para sentirla, no para ser curado, eso es trabajo mío, que hago con lo que he sentido observando.

Sólo vi a la vieja tres veces y lo que pasó lo dejo para otro día, lo que sí diré es que de nadie como de esta vieja aprendí la verdad sobre la compasión y la verdadera ayuda.

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