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¡A la mierda la autoestima!

Actualizado: feb 16


Aquí estoy yo con mi autoestima.

Varias veces me han dicho eso de «para ti es fácil porque tienes la autoestima muy alta», qué gracioso. Si me la midieran, así de improviso, como los controles de doping, me ingresaban. Todo lo que escucho sobre la autoestima, los consejos para subirla, como recetas de cocina que quieren que suba el merengue, hablan de la autoestima de manera supersticiosa, si haces esto y esto, ocurrirá esto otro, y tu autoestima, como un bizcocho, subirá y subirá. Si esto de la autoestima es algo más que una mierda de palabra inservible salvo para amargarse, podría decir que yo la tengo más baja que nadie, y en realidad, qué más daría. Sobre todo si no atiendes a este concepto, como es mi caso. A ver si me explico; con esto de la autoestima me ocurre como con la timidez, antes tenía la misma cantidad de timidez, y la timidez me impedía hacer muchas cosas, ahora con esa misma cantidad de timidez no me siento impedido a hacer esas cosas, la diferencia está en las ideas que uno maneja y alimenta.  Si lo que llamamos «yo» fuese el conductor de un coche, que podría ser nuestro cuerpo, en el asiento del copiloto es dónde iría sentado un ser que lanza mensajes, tú conduces y el copiloto podría decir: «Que bien manejas el volante. Perfecto el giro a la izquierda, qué bien lo haces, has puesto el intermitente justo a tiempo, qué bien, o podría decir: Pero que mal agarras el volante, pareces una saltamontes acelerando ¡por Dios! No sabes frenar suavemente.» No sé cual de estas posibilidades me aterra más.  Lo que es cierto es que independientemente de lo que dijera este supuesto copiloto, el que conduce eres tú, puedes entrar al trapo de lo que te dice y dejar de conducir, y pedirle que te hable bien, que te diga otras cosas, o seguir conduciendo.  Para seguir con esta metáfora, el que conduce sería la mente natural, y el copiloto la mente adquirida, es eso a lo que llamamos «autoestima, la asimilación de lo que creímos que pensaban de nosotros, o sea una superstición: es lo que creímos, lo que interpretamos caprichosamente de lo que pensaron o nos dijeron de nosotros, como si alguien pudiera pensar sólo una cosa de ti.  Es todo mitología para crear identidad, y de esta idea de la autoestima se aprovecha la identidad para seguir gobernándonos. Además ¿a quién refiere ese «auto» del «auto» estima? ¿quién es ese «yo»?  Sinceramente te lo digo; a la mierda la autoestima, no voy a esperar a que ese milagro de sentirme «autoestimado» se produzca, prefiero poner en funcionamiento ideas que funcionan y dejarme de tonterías. La autoestima es otra excusa para esperar que alguien, en este caso una entidad abstracta mitológica, te reconozca y te de reconocimiento (El copiloto no existe ¡oh!) la propia idea de la autoestima es tan confusa y equivocada, que parece como si subiéndola, los problemas se  solucionaran de golpe, ¡qué tontería!, he conocido a personas que pensaban de sí mismos que eran la hostia y sin embargo han tomado un montón de decisiones equivocadas basadas en ideas estúpidas. Yo me puedo sentir mal, pensar que todo lo que hago es una mierda que no interesa a nadie, lo que es bastante habitual, y sin embargo no voy a dejar de hacerlo, lo siento, me digo, tú (mente adquirida) podrás pensar lo que quieras de mí, o de ti, o de quién sea, pero hacerte caso no me lleva a ningún sitio, por lo menos así, pasando de ti, me divierto y me arriesgo a que me insulten, o a lo contrario, a que me digan que soy un fraude, o lo contrario.  Juego a permitirme seguir adelante, y la cosa esta, la «autoestima», sólo me lleva a mirarme constantemente al espejo y preguntarle  -¿Soy bueno? -¿Me quieres hoy? - No, conmigo no cuentes para este juego macabro. Venga, lo dicho: ¡A la mierda la autoestima!

#cancamusas

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