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«Esto»


Se me ocurren muchas causas posibles para explicar por qué ha pasado «esto». Mi mente quiere respuestas y según el momento las posibilidades van encajando y después ya no encajan. Así es como trato de evitar «esto» que está pasando, buscando razones que sólo con la omnipotencia de Dios podría conocer, unas me alivian un poco, otras me angustian otro poco. El hecho es que «esto» ha llegado (grito: ¡no me viene bien!) pero aquí está, como una visita sorpresa que te pilla a punto de irte a la cama… espera, que quizás no me estoy explicando bien... claro, estaba pensando en alto… disculpa, de el «esto» que hablo es de la pena (¿o era de la ira?, pero ¿no habíamos dicho que era sobre la envidia?) que de repente ha aparecido y mi cabeza quiere que me distraiga buscando las causas y los culpables (¡no le prestes atención, pasa!, me dice, ¡demuestrale que no te importa o mejor ponte a buscar las causas, que tú eres muy listo y seguro que las encuentras!). A ver... ¿me das un momento? voy a estar con «esto» que ha venido un rato, voy a observarlo, a… no sé… advertirlo quizás, anda, fíjate, si «esto» es anterior a «la causa de esto» ¿y eso cómo lo sabes?, lo he visto al atenderlo, «la causa de esto» es infinita, sin embargo «esto» está ocurriendo ahora. Voy a observarlo, a meterme a fondo, al hacerlo intuyo que «esto» va a ser la entrada a esa calma necesaria para actuar al respecto, después. Llevo un rato atendiendolo y mira tú, te va a sorprender, pero no es para tanto, lo que cuesta es verse ahí, con la pena, con la ira, con la envidia, lo que cuesta es ser eso tan feo, y buscar las causas es la manera de decirse ¿ves? yo no soy eso. Pues eso, acojo a «esto» con hospitalidad porque este «esto» me completa ahora.

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